Trabajo híbrido en Guatemala: es momento de revisar la presencialidad diaria
Por Lic. Juan Pablo Ramírez · Contador Público y Auditor
Del control de la presencia a la cultura de resultados: cómo evaluar el home office con indicadores claros, responsabilidad y una prueba piloto organizada.
El tiempo que una persona dedica a trasladarse al trabajo también tiene un costo. Se refleja en combustible, pasajes, desgaste del vehículo y, especialmente, en horas que podrían destinarse al descanso, la familia o la formación profesional. Frente al tráfico que enfrentamos diariamente en Guatemala, considero necesario revisar si todas las actividades de oficina realmente requieren asistencia presencial durante toda la semana.
El trabajo desde casa, conocido como home office, merece evaluarse como una forma moderna de organizar las labores. Su conveniencia dependerá de las funciones, las herramientas disponibles, la seguridad de la información y, principalmente, de la capacidad del trabajador para cumplir objetivos y entregar resultados.
Comprendo las preocupaciones de los empresarios y patronos. Supervisar al personal, proteger información confidencial, capacitar a nuevos colaboradores y mantener una atención adecuada al cliente son necesidades legítimas. Sin embargo, estar sentado frente a un escritorio durante ocho horas no garantiza, por sí solo, productividad, eficiencia ni calidad.
En mi opinión, uno de los principales cambios que requiere el trabajo remoto es precisamente pasar de una cultura basada en la presencia a una cultura basada en resultados.
Esto significa establecer claramente qué debe entregar cada trabajador, en qué plazo, con qué nivel de calidad y bajo qué indicadores será evaluado. El cumplimiento de objetivos, los tiempos de respuesta, la cantidad de errores, la atención al cliente y la productividad deberían tener mayor peso que simplemente comprobar si una persona permanece físicamente dentro de una oficina.
La evidencia ofrece razones para considerar alternativas. Un ensayo publicado en Nature encontró que el trabajo híbrido redujo las renuncias sin deteriorar el desempeño. El resultado corresponde a una empresa y condiciones específicas, pero demuestra que vale la pena evaluar esta modalidad con seriedad. Consultar el estudio.
No todas las actividades son iguales
En Guatemala también debemos reconocer que muchas actividades necesitan presencia física. La construcción, el transporte, la producción, los inventarios y la atención directa al público tienen exigencias particulares. Incluso dentro de una misma empresa, las posibilidades pueden variar considerablemente según cada puesto.
En contabilidad, por ejemplo, una conciliación bancaria, una integración de cuentas, la elaboración de declaraciones, el análisis de estados financieros o determinados procesos administrativos pueden desarrollarse perfectamente a distancia cuando existen documentos digitalizados, sistemas adecuados y mecanismos de revisión.
Por el contrario, un inventario físico, una inspección, determinadas auditorías de campo o ciertas reuniones con clientes requieren presencia. Por ello, considero que la decisión no debería tomarse únicamente por empresa o departamento, sino también por actividad y responsabilidad.
La responsabilidad del trabajador
El trabajador también tiene una responsabilidad importante. Trabajar desde casa no significa disponer libremente de la jornada laboral. Significa cumplir horarios cuando corresponda, mantenerse disponible, responder oportunamente, proteger la información de la empresa y, sobre todo, cumplir los objetivos y entregables establecidos.
El trabajo remoto debe sostenerse sobre resultados comprobables.
Si una persona cumple sus responsabilidades, entrega a tiempo, mantiene la calidad de su trabajo, responde adecuadamente a clientes y compañeros y alcanza sus indicadores, la empresa dispone de elementos objetivos para determinar si la modalidad funciona. Si los resultados disminuyen, también existirán fundamentos para corregirla, modificarla o regresar a una mayor presencialidad.
El modelo híbrido como punto de equilibrio
A mi juicio, el modelo híbrido representa una alternativa razonable para muchas organizaciones: reservar la presencialidad para coordinación, capacitación, reuniones, atención al cliente y actividades que realmente la requieran, y permitir jornadas remotas para aquellas labores que puedan medirse mediante resultados.
El ahorro en transporte y tiempo merece formar parte de la evaluación, pero no debe ser el único argumento. También deben analizarse los costos de la empresa, productividad, cumplimiento, rotación de personal, calidad del servicio y capacidad de supervisión.
Distribución ilustrativa. Cada empresa define qué días y qué puestos participan según sus actividades.
Una alternativa práctica podría ser comenzar con una prueba organizada de uno o dos días remotos por semana. Antes de iniciar, deberían definirse indicadores claros:
- cumplimiento de entregas;
- tiempos de respuesta;
- errores;
- productividad;
- atención al cliente;
- y necesidad de supervisión.
Después de algunas semanas podrían compararse los resultados con los obtenidos durante jornadas completamente presenciales. Si los indicadores se mantienen o mejoran, habría una base objetiva para continuar. Si empeoran, también habría información suficiente para realizar ajustes.
El tráfico y el costo de movilizarnos justifican esta conversación. La presencialidad seguirá siendo necesaria en muchas actividades, pero no necesariamente debe convertirse en una obligación automática para todas las funciones y todos los días.
Para cada jornada presencial debería existir un propósito que aporte valor al trabajo y compense el esfuerzo de llegar a la oficina.
Y para cada jornada remota debería existir algo igualmente importante: resultados concretos que demuestren que la confianza otorgada se traduce en productividad, responsabilidad y cumplimiento.
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